Condenamos el ataque imperialista estadounidense contra Venezuela y llamamos a solidaridad con el pueblo venezolano

 

La Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML) expresa su más enérgica condena a la pérfida agresión militar ejecutada por el gobierno de los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.

Los ataques aéreos y el secuestro del presidente venezolano Nicolas Maduro y su esposa, llevados a Estados Unidos tras amenazas políticas y un bloqueo económico que incluye la confiscación de buques mercantes, implementados por Washington, constituyen una clara violación del derecho internacional y del principio de autodeterminación, así como un flagrante acto de piratería. La CIPOML considera que este ataque terrorista del imperialismo estadounidense busca castigar a un pueblo que ha desafiado la hegemonía históricamente impuesta en el continente y que solo ha demostrado la determinación de controlar su propio destino y sus recursos naturales. Con este ataque contra Venezuela, los imperialistas estadounidenses no solo intentan apoderarse del destino y los recursos del pueblo venezolano; este ataque constituye una amenaza y una advertencia para los pueblos del mundo, en particular los de América Latina y el Caribe.

El ataque a Venezuela se produjo inmediatamente después de los intentos de establecer la hegemonía estadounidense en Oriente Medio, que debe ser completamente depurado de fuerzas antiamericanas, y después de que Trump, líder del imperialismo estadounidense, amenazara con intervenir contra Irán. Este agresor imperialista, que se autoproclama amo y policía del mundo, ataca todo lugar y toda potencia que considera un obstáculo, y debe ser detenido.

El principio de la indivisibilidad de la soberanía sobre el continente americano, incluido en el Documento de Seguridad Nacional anunciado por el imperialismo estadounidense a fines de noviembre y que representa una actualización de la Doctrina Monroe, es la base de la brutalidad imperialista contra Venezuela.

Este nuevo ataque imperialista contra Venezuela es un nuevo paso en una estrategia sistemática destinada a establecer el control sobre países que han optado por forjar su propio camino. En este contexto, la soberanía de Venezuela forma parte de la dignidad de su pueblo. Por lo tanto, la defensa de la independencia y la soberanía de Venezuela debe ser una prioridad ineludible para todas las fuerzas progresistas y revolucionarias que aspiran a un mundo basado en la coexistencia pacífica y el respeto a los asuntos internos.

Por ello, la CIPOML llama urgentemente a los trabajadores y pueblos del mundo a oponerse activamente a este ataque, que añade nuevos elementos de turbulencia a la situación internacional.

Las voces de los trabajadores y el pueblo deben alzarse con fuerza para defender a Venezuela. Reafirmamos que no permitiremos la violación de la soberanía y el derecho a vivir en paz de un pueblo que aspira a construir su futuro sin tutela extranjera.

 

 

Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas

Comité Coordinador

Los “Héroes” de la Burguesía: la memoria que la clase dominante quiere imponer

En el clima de polarización política que se profundiza cada vez más en el país, los hechos del pasado son usados como relatos para justificar la posición ideológica determinada que cada clase defiende, encubriendo sus intereses. El Conflicto Armado Interno (CAI), Violencia Política, Época del Terrorismo o Guerra Popular, ocurrida entre 1980 y 2000, según el actor que la quiera nombrar, es uno de los periodos más sensibles y usados convenientemente para justificar el actuar político en el presente. La mejor en hacerlo, por todos los medios que posee a su favor, obviamente, es la clase dominante: la burguesía.

En este año, una muestra clara de cómo la narrativa del pasado se llega a usar no solo trastocando u omitiendo determinados hechos de la historia del CAI, sino también, silenciando una versión distinta, es el recuerdo de lo que ocurrió durante la Crisis de la Casa del Embajador de Japón (1996-1997). Mientras que el libro Revolución en los Andes de Víctor Polay, líder del extinto Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), trató de ser censurado por todos lados y sus editores acosados por la DIRCOTE, que, aunque sin poder evitar que el libro se disparara en ventas, dejaron un estigma sobre sus editores, presentadores y lectores.

Lo contrario ocurrió con la película Chavín de Huántar: el rescate del siglo, promocionada por todos lados, puesta en cartelera durante semanas y presentada hasta con el ridículo lloriqueo de un presentador de televisión. En ella se glorifica la acción de los comandos militares y se retrata un Perú de fantasía, donde reina la armonía social que es quebrantada por unos desquiciados subversivos que aparecen casi como caídos del espacio, solo queriendo causar dolor en un Perú que crece prósperamente, sin corrupción ni narcotráfico. Y los comandos, impolutos, guiados por un abnegado patriotismo, deben combatir para preservar la paz.

Pero tal versión está lejos de ser convincente para una visión materialista de la realidad. Y es esta perspectiva la que ha sido mayormente dejada de lado por las visiones militaristas y humanistas de aquellos hechos. En primer lugar, la gran heroicidad que se atribuye a los Comandos de la Operación Nipón 96 (el verdadero nombre de la Operación Chavín de Huántar) es más el deseo de una clase social –la burguesía– por encumbrar a los personajes que permitieron la consolidación de su sistema y modelo socioeconómico. En segundo lugar, porque, según los historiadores, la calificación de “héroe” es dada a los personajes que mueren en el combate, que en el caso de los comandos solo serían dos de ellos; pero, además, el héroe es también quien lucha en desventaja. Algo que los comandos estaban muy lejos, al ser más de 140 efectivos contra 14 subversivos (Zapata, 2017). Eso sin contar la colaboración de algunos rehenes militares y policías, el espionaje religioso, la enorme logística estatal y el respaldo de la prensa tradicional, frente a los emerretistas que apenas tenían los periódicos que les podía alcanzar la Cruz Roja para informarse del exterior.

Pero no podemos remitir el análisis a lo meramente militar. Otro aspecto por tomar en cuenta es la situación internacional y nacional que determinaba la correlación de fuerzas en aquel entonces. Las Fuerzas Armadas (FFAA) no solo tenían la ventaja militar, sino también, política, puesto que en 1996 era evidente que el MRTA ya había perdido la guerra. Su acto, más que un recurso para golpear a la narcodictadura, como su líder lo recuerda (Polay, 2020), era un acto desesperado por sobrevivir políticamente, tratando de liberar a sus militantes, que en su mayoría se encontraban presos o fallecidos. Sin respaldo en las masas, fue su último manotazo de ahogado. A nivel externo, el escenario no podía ser más desfavorable, la Guerra Fría ya había culminado con una victoria del capitalismo, y en Hispanoamérica las tomas o secuestros habían perdido efectividad.

Deteniéndose en ello, si bien durante los años 70 aquellas acciones dieron, en la mayoría de los casos, resultados exitosos al golpear la seguridad de las fuerzas estatales en los países hispanoamericanos —como las protagonizadas por el FSLN en la toma del Chema Castillo (1974) y la Toma del Palacio Nacional en Nicaragua (1978); el secuestro del Cónsul británico por el ERP en Argentina (1971) y la Toma de la Embajada de la República Dominicana por el M-19 en Colombia (1980)—, es también ese año donde se vería uno de los últimos finales exitosos de aquellas operaciones. Con el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua (1979), que se considera dio inicio a la segunda ola guerrillera en la región (Castañeda, 1993), las élites de los respectivos países estarían más alarmadas y menos dispuestas a negociar en tales situaciones, lo que dio rienda suelta para que sus FFAA actúen sin importar el coste contra el considerado enemigo interno (la subversión) con tal de negarle la mínima victoria.

En el mismo año de 1980, la Embajada de España en Guatemala, que había sido tomada por los campesinos, fue incendiada en una brutal intervención policial con lanzallamas que dejó 37 muertos. En Ecuador, durante 1985, el secuestro del banquero Nahím Isaías Barquet, realizado por la guerrilla Alfaro Vive Carajo (AVC), fue finalizado con una operación de los militares donde tanto el rehén como todos sus captores terminaron liquidados, lo que finalmente benefició a los competidores financieros del banquero. Pero el desenlace más brutal de estas operaciones se dio en Colombia también en 1985, donde la guerrilla del M-19, que entrenó a AVC y al mismo MRTA, cayó en la trampa de los militares al protagonizar la Toma del Palacio de Justicia. En la retoma que de inmediato ejecutaron los militares con tanques y helicópteros, se cobró la vida de más de 100 personas, aniquiló a gran parte de la plana mayor del M-19 y benefició a los mismos militares colombianos al darles la oportunidad de destruir los archivos y desaparecer a los magistrados que juzgaban sus denuncias por violación a los derechos humanos.

Como vemos, ya para la década del 90 no había posibilidad alguna de que el MRTA pudiera salir victorioso en aquella operación. La carta que jugó para verse humanitario, liberando a muchos rehenes y no tocando a los que se quedaron durante los cuatro meses incluso ya conociendo de la construcción del túnel, le terminó jugando en contra. Pues permitió a la narcodictadura ganar tiempo para preparar una retoma sin los enormes costos de la experiencia colombiana, y al mismo tiempo, aprovechar la distracción de la población para promulgar leyes lesivas hacia la educación universitaria, como el privatista Decreto 882 (1997). En definitiva, la acción efectista, aventurera y aislada del MRTA, como balance final, no golpeó ni debilitó al régimen, sino que lo fortaleció. Y el resultado de la operación militar de los comandos era, por demás, previsible.

Igual de previsible era el final de cada uno de los emerretistas que se encontraban en la casa del embajador. Y acá es otro punto donde se cae la supuesta heroicidad de los comandos. Los análisis forenses, más otros testimonios, mencionan que hasta tres subversivos fueron ejecutados después de rendirse. Que, en el caso de Tito, está confirmado que salió vivo de la retoma, pero después apareció ejecutado dentro de la casa del embajador. Sin embargo, nunca se encontró responsabilidad ni a los comandos ni a los jefes políticos de la operación. Y la izquierda socialdemócrata, para no buscar chocar con los comandos, y solo contra los jefes políticos (Fujimori, Montesinos y Hermoza Ríos), acogió una tercera versión acerca de los supuestos “gallinazos” que ingresaron acabada la operación para ejecutar a los rendidos. Con esa versión se ha buscado negar una realidad más cruda acerca de las FFAA para no dañar la imagen de una de sus escasas victorias. Y es que los militares peruanos no respetan la vida de otros peruanos rendidos en combate. La caballerosidad solo se reserva para el enemigo extranjero, pero se deja de lado para los mismos peruanos. Los militares practican mejor que ninguno la frase “Perú, madrastra de tus hijos y madre de los ajenos”. Una tradición de terror que nuestras FFAA practicaron de forma constante desde finales del siglo XIX y todo el siglo XX. Basta recordar solo algunos sucesos:

  •       No se respetó prisioneros entre los 3,000 indígenas asesinados en la Rebelión de Atusparia en Áncash (1886) contra la subida de impuestos.
  •       No se respetó prisioneros en las masacres y torturas que los militares y las milicias de los gamonales practicaron contra los indígenas en la Rebelión de Rumi Maki en Puno (1916), como lo denunció la Asociación Pro Indígena.
  •       No se respetó la vida de los miles de apristas rendidos en la Rebelión de Trujillo (1932) masacrados en las ruinas de Chan Chan, ni en todo ese periodo de violencia política de los años 30 (Sánchez, 1981).
  •       No se respetó la vida de los escolares ametrallados del Colegio La Independencia en Arequipa (1950), y si no se continuaron las ejecuciones después del levantamiento de indignación fue por la intervención de un oficial, como alguna vez contó el escritor Oswaldo Reinoso.
  •       No se respetó la vida de los guerrilleros capturados en 1965, cuyos líderes como Velando y Lobatón fueron arrojados con vida desde helicópteros militares.
  •       No se respetó la vida de los comuneros de Rancas (1959), la de los campesinos en Cusco (1963), ni la de los escolares y campesinos en Ayacucho (1969). Ni siquiera la de los vecinos de Comas en el Paro de 1977.

Y, como era de esperarse, jamás se iba a respetar la vida de los subversivos rendidos durante el CAI. La respuesta a este ensañamiento no puede ser otra que la guerra de clases cobra mayor preocupación y encono que la guerra entre naciones. Esto porque se da por sentado, al menos por la clase dominante, que el enemigo es inferior. Y en especial porque la victoria de este puede significar el rompimiento de su modus vivendi, comparado con la cesión territorial que busque la otra nación. El escritor Miguel Gutiérrez, en una de sus novelas donde intentaba entender por qué muchos de los gamonales de Piura se habían mostrado indiferentes o pasivos ante la invasión chilena, pero saltaron como fieras al mínimo brote de alzamiento popular, lo resumió así: “Una guerra entre países es circunstancial Augusto. Preservar el orden interno es lo permanente. Y de allí nace el deber. Nuestro deber Augusto”. El deber de la clase dominante.

Y en el caso de los 72 rehenes de la casa del embajador, cuya liberación dicen que todos los peruanos debiéramos estar agradecidos, basta mirar su extracción social para saber por qué se actuó así contra el MRTA. Mientras que los rehenes rescatados pertenecían casi en su totalidad a la clase dominante del Perú, Japón y Bolivia: empresarios, diplomáticos, ministros, almirantes, etc.; los integrantes del MRTA pertenecían a una clase social media o baja. Los comandos, aunque pertenecían a una clase social más cercana al MRTA que a los rehenes, siguieron solo la tradición que la clase dominante ha establecido dentro del Estado para el que sirven, la de que siempre se puede contratar a la mitad del pueblo para aniquilar a la otra mitad. 

En el CAI, donde se expresó de forma más aguda la lucha de clases que existe en la sociedad peruana, los comandos militares están muy lejos de convertirse en los héroes nacionales que la burguesía intenta vender. Son, por último, los patéticos “héroes” de una determinada clase que no conoce de clemencia ni de rendidos si existe la mínima amenaza a sus privilegios. Porque los intereses de una clase, no son lo mismo que los intereses de una nación. Y los héroes, si son nacionales, son la muestra del sacrificio por esa colectividad que, pese a estar dividida socialmente, lucha por ganarse un espacio en la dialéctica de los Estados; aun si lleva las de perder.

Así, en el caso de la retoma, los comandos terminaron de aniquilar a una organización ya derrotada, cuyos integrantes eran lo que quedaba de ese conjunto de peruanos que se alzó en armas, y cuyo final en ese contexto, no podía ser distinto. Tanto para los que combatieron hasta la última bala como para los que se rindieron; esto fue lo que terminó ocurriendo. Pueden los comandos sentirse orgullosos de su deber, de que la burguesía los utilice y los deseche cuando le convenga, y de aprovechar el actual contexto para hinchar el pecho alimentándose de las fantasías que una pobre película retrata. Pero la heroicidad, esa el pueblo trabajador peruano jamás se la otorgará.

LA CUESTIÓN HISPÁNICA

Desde la caída del bloque socialista, el mundo ha visto el resurgir de las ideologías nacionalistas o etnocéntricas. Bien sea desde las posiciones derechista-conservadoras, como también, en las izquierdista-posmodernas. En la primera posición han resurgido como una reacción a lo que consideran las amenazas globalistas que creen intentan destruir a la nación mediante un supuesto reemplazo cultural. En la segunda, los nuevos indigenismos y regionalismos dialectales que buscan combatir los macrorrelatos que supuestamente intentan imponer una homogeneidad cultural, tachada siempre de eurocéntrica, que termine por borrar a las minorías. La paranoia cultural es la misma, solo cambian los actores que la repiten.

Hispanoamérica no es ajena a este auge de los nacionalismos. Y cada vez más entre su clase media gana influencia la corriente hispanista. Corriente nacionalista que llama a la integración del mundo hispanoparlante; que presenta una revisión en la forma de ver el pasado virreinal; y cuyo marco teórico es el materialismo filosófico que, sin embargo, aún conserva la idiosincrasia de la religión católica. Pero a qué se debe que el hispanismo esté volviendo a cobrar fuerza en la región, qué ha cambiado con respecto al hispanismo de hace un siglo y qué posición se debe tomar con respecto a ello.

Para comprender bien el retorno de este tipo de nacionalismo en nuestra región es pertinente primero entender qué es la nación. Según Stalin (1942) la nación es la comunidad que comparte una economía dentro de un espacio geográfico que habita y va articulando con el uso de una lengua, creando a su vez una psicología en común (cultura, historia, literatura). De ahí se entiende que haya sido el sistema capitalista el que haya formado a las naciones modernas, ya que no hubo antes otro sistema que demandara más aceleradamente la articulación de un mercado común donde se fomente la circulación de mercancías dentro de un espacio territorial que la burguesía controlara y requiriera de una lengua franca que facilite las transacciones, y le sirva de base expansiva a otros mercados. Necesitando por ello formar un imaginario colectivo que unifique ideológicamente a su comunidad para que entre en defensa de sus intereses contra otra comunidad económica-cultural que limite su expansión o amenace su mercado. 

Por ello, según Hobsbawm (1992), no son las naciones las que forman los estados, sino los estados los que van formando las naciones, y escogen dentro de las macro etnias de su jurisdicción una como molde para constituirse como estado-nación. Y eso es lo que ha venido ocurriendo desde el siglo XVIII en que la burguesía ha ido destruyendo los imperios o estados multiétnicos para crear los estado-nación moderno. Valiéndose de la educación pública y los medios de comunicación para ir homogeneizando a las sociedades que habitan dentro de su territorio de control. 

Aterrizando en nuestra región las naciones serían algo que se formarían tardíamente en el siglo XX. Según Rostworowski (1999) una de las causas de la caída del Tahuantinsuyo fue la carencia de un sentimiento nacional, primando más los intereses regionales de las macro etnias quechuas que las del estado imperial. El Tahuantinsuyo, según la historiadora, fue un proyecto trunco de integrar las diversas macro etnias quechuas que habitaban los Andes centrales. Ello no cambió con el establecimiento del virreinato. La introducción de la economía feudal y mercantilista no vio la necesidad de crear un mercado que articulara las fuerzas internas, sino principalmente en función externa hacia la metrópoli. (Lumbreras, 1981). Aunque hay algunos que califican a Castilla como la primera nación moderna, el Imperio español, con sus leyes distintas para cada raza y con la tolerancia lingüística hacia las otras lenguas, fue un imperio multiétnico y no llegó a formar ninguna nación en todo Hispanoamérica. 

La independencia, aunque fue un movimiento continental y trató de ser visto por algunos historiadores patrioteros como la más grande prueba que el germen del sentimiento nacional venía formándose desde tiempo atrás. Lo cierto es que fue causa de la crisis de la monarquía hispánica en 1808, que no supo manejar los distintos intereses locales, ya muy presentes en el continente desde las reformas borbónicas, y que acabó en el desmoronamiento del Imperio español. (Sobrevilla, 2024). Fueron los intereses de las distintas aristocracias locales los que terminaron primando, y una vez expulsado el poder peninsular, terminaron cediendo el gobierno a los militares para imponerse unas sobre otras. Pero en todo el siglo XIX fueron incapaces de formar nación alguna. La consolidación de un mercado en común sería difícil sin barrer antes los regionalismos-feudales. Ello se expresó en la terrible balcanización que vivió Hispanoamérica en comparación con Estados Unidos (EE. UU.) y Brasil, y que el español no logró imponerse como lengua mayoritaria entre la población en casi todas las nuevas repúblicas hasta entrado el siglo XX.

Se tendría que esperar la llegada de ese siglo, donde la mayor penetración de capital británico y de EE. UU. iría formando una mayor clase media mestiza hispanohablante en las urbes. Estas, aunque al inicio rechazaban el imperialismo y enemigas de la aristocracia, crearían expresiones político-partidarias que buscarían consolidar el capitalismo en sus respectivos países: PRI, APRA, Justicialista, etc. Y sus intelectuales, en la preocupación por formar a la nación, buscarían incorporar elementos de la cultura popular para formar una identidad nacional más propia o mestiza. Algo que también será compartido por los intelectuales comunistas de la región. De esa manera, en los países hispanoamericanos con más componente indígena en los Andes y Mesoamérica, el indigenismo fue acogido por los intelectuales de esta clase; en los países del Caribe, la cultura afro; y en los del Río de la Plata, la cultura popular del nuevo migrante europeo. E incluso se retomaron los viejos sueños integradores de Simón Bolívar. Esto en contraposición al hispanismo de una élite aristocrática que miraba con nostalgia la colonia, cuya máxima identidad americana se remitió a la formación del criollo; pero que dejaba de lado su hispanismo a la hora de servir al capital anglosajón e imitar huachafamente su cultura. Ante esa alienación de las élites, los intelectuales de las emergentes clases medias y populares apostaron por formar naciones con una identidad más particular que les sirva para integrar a la población de sus respectivos países, y las diferencie del resto.

Todo el proceso de consolidación del capitalismo desde sus políticas desarrollistas-industriales agotadas para los años setenta, sus guerras civiles que arrasaron principalmente el campo, y la implantación del neoliberalismo; terminaron por formar naciones hispano-mestizas desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos. Con más o menos acentuación de la cultura indígena, europea o afro; el español se convirtió en la lengua mayoritaria y su mestizaje más en motivo de festejo que de vergüenza, como ocurre con la cumbia en la música o el realismo mágico en la literatura. Sin embargo, en ese proceso de transculturación (Rama, 2008) las otras etnias o macro etnias terminaron siendo asimiladas con más o menos grado de violencia para concretar la tan anhelada homogeneización mestiza-nacional.

Sin embargo, en esa ruta semejante seguida por las repúblicas hispanas del continente, los organismos creados como CAN, MERCOSUR, SICA, CELAC; no lograron estrechar mayores vínculos de integración económica que luego den paso a una integración política. La burguesía de ser una clase media terminó convirtiéndose en la clase hegemónica en sus respectivos países. Cómoda ya en su puesto con un mercado donde su poder esté consolidado dejó de soñar con la integración que no sea la libre circulación de sus mercancías a los mercados más rentables (China, EE. UU., Unión Europea, etc.) y primó más la competición con sus vecinos por qué mercado nacional atrae más inversiones de fuera. El capitalismo que finalmente desarrolló fue el primario exportador. Parafraseando a Mariátegui (1924), las repúblicas hispanoamericanas siguieron sin buscarse, sin complementarse, ni presentar intención alguna ya de unirse.

Este éxito en la construcción de naciones hispano-mestizas en la región, pero acompañado del fracaso en el proyecto unificador, las despojó de cualquier peso geopolítico en la esfera internacional. Relegándolas a simples espectadoras de las grandes decisiones mundiales. De ahí que resulta comprensible la irrupción nuevamente del hispanismo, pero ya no en las capas altas. Como ocurrió antes entre la aristocracia, sino principalmente, entre las capas medias. En un mundo donde las decisiones geopolíticas que amenazan al mundo se disfrazan de intereses nacionales, Hispanoamérica se encuentra desterrada en sus propios intereses. Una de las clases que se ve más sacudida por los vaivenes de la política mundial y más excitable ante los discursos nacionalistas es la clase media (pequeña burguesía). Que no tarda en darse cuenta de que Hispanoamérica se encuentra atomizada en distintos países a pesar de tener formadas naciones hispano-mestizas que presentan más semejanzas que diferencias. Y que de estar unidas no solo formarían una economía más fuerte, sino también, la nación más numerosa del hemisferio occidental. La adaptación de una ideología que aglutina, en vez que disgregue, va a tener mejor recepción ahora entre los intelectuales de esta clase. 

El indigenismo que cumplió su papel de darle una identidad mestiza a las naciones hispanas en la región se encuentra ya caduco y es más una ideología disgregadora y retroactiva que idealiza el comunismo primitivo. Se encuentra ya muy lejos de ese indigenismo materialista que saludó Mariátegui, y que desarrolló Arguedas, donde la revalorización de la cultura indígena no signifique una negación de la cultura hispana. Y donde se tenía presente que la diferencia cultural reforzaba las diferencias de clase, y estaba en función de ella. Pero el indigenismo actual en su carácter etnocéntrico solo ve diferencias culturales. Niega la lucha de clases y la considera una invención de la cultura occidental, a la cual rechaza en todas sus formas. Peor aún, en su obsesión decolonial ha ido creando una leyenda negra sobre el virreinato. Provocando la incubación, del otro lado, de leyendas rosas que blanquean el pasado colonial. Y en su meta por lograr que se reconozca la pluriculturalidad en los países de la región desconoce la formación de la nación hispano-mestiza mayoritaria en cada uno de los países hispanoamericanos, o sigue repitiendo mecánicamente frases de hace noventa años, que en países como el Perú, la nación aún está formándose. Pese a que han pasado de ser sociedades semifeudales a ya capitalistas.

Para los hispanistas son estos “ismos” de las minorías los que amenazan las formadas naciones hispanoamericanas, y evitan su integración. Y si bien, parten de una verdad concreta, que en Hispanoamérica ya existen naciones hispano-mestizas. Al partir también de un enfoque etnocéntrico, no alcanzan a comprender el proceso material que las llevó a formarse, y, por ende, los limitantes que las impiden unirse y en quién está la tarea de lograrlo. 

Su visión etnocéntrica responsabiliza de la disgregación del mundo hispano al mundo anglosajón. Si rechaza el idealismo es porque lo considera una producción anglo-protestante. Al igual que al liberalismo, que fue el discurso ideológico que encumbró a las potencias anglosajonas. Es considerado ese mundo el portador y financiador de todos los ismos que solo sirven para disgregar al mundo hispano. Por ello, el materialismo hispanista no llega a ver clases sociales, sino mundos o imperios con cosmovisiones enfrentadas; y no ve males en el sistema, sino en la cultura que lo desarrolla. Más que materialista, continúa siendo mecánico y profundamente etnocéntrico.

De esa forma, el mayor planteamiento hispanista de unión es formar una Mancomunidad hispánica, réplica de la Commonwealth británica, con otro monarca como jefe. No analiza que fue el capitalismo durante la tan despreciada etapa republicana, el sistema que finalmente formó las naciones hispánicas, y volvió al español la lengua mayoritaria en las excolonias de España. Y que si no se ha logrado la unión es por las limitaciones de las burguesías locales, más interesadas en perseguir alianzas con el capital transnacional que en seguir a un monarca europeo por simpatías culturales.  

Hispanoamérica no tuvo un “zollverein” ni un Bismarck. Ni mucho menos una clase dirigente militarista y expansionista que se planteó la tarea de unificarla. Su limitada y disgregada población, y su llegada tardía al desarrollo capitalista, le impidió formarla. Ni entre la antigua aristocracia ni entre la presente burguesía. Los sueños de Bolívar, a quien los hispanistas particularmente detestan, solo fueron retomados temporalmente por los partidos populista-burgueses de inicios del siglo XX y por los grupos guerrillero-marxistas en la segunda mitad de ese siglo. El acomodo de los primeros, y la derrota de los segundos, con su siguiente también acomodo a la democracia liberal, hicieron que la integración quede solo en un trámite más ágil en las fronteras. 

De igual forma, las naciones en Hispanoamérica están ya formadas. Ese ha sido el mayor logro sociocultural de la burguesía en su tarea de consolidar el capitalismo en sus países. Pero su desunión más absurda que la de otras identidades culturales obedece a que continúan atrapadas dentro de repúblicas bananeras serviles al imperialismo. Y no será el voluntarismo monárquico de los hispanistas quien logre su unión. Sino la obra de una nueva clase social, el proletariado de esas repúblicas, que en la consolidación de una economía planificada y más productiva vea la necesidad de rebasar las fronteras de los pueblos que estén más cerca geográfica y culturalmente para integrarlos: las otras naciones hispano-mestizas. Es ese eje económico – productivo indispensable para que naciones cercanas en su geografía, con una misma lengua y una psicología semejante, alcancen su unidad política. Ya decía Mariátegui (1928) que la unión de la América Hispana o Latina tendría que ser obra del socialismo. Una obra que se llevará a cabo por sus necesidades materiales, y no solo por voluntades culturales.

MINERÍA A TODA COSTA: AUGE DE LA MINERÍA ILEGAL Y EL PELIGRO PARA LAS COMUNIDADES

Durante años la burguesía parasitaria ha repetido el mantra “Perú país minero” crearon el mito que, a mayor inversión minera, mayor desarrollo económico, haciéndonos dependientes de la explotación minera, en su capricho de imponer este modelo a la fuerza han concesionado el 14.78% del territorio nacional, equivalente a casi 20 millones de hectáreas. Por ello, muestran una preocupación constante por maximizar la explotación de nuestros recursos mineros, sin desarrollar un plan de diversificación económica que permita una mayor estabilidad y progreso a largo plazo. Esta política que privilegia el extractivismo minero por sobre el desarrollo agropecuario es una de las principales causas del incremento de la minería ilegal e informal. La ausencia de un plan de desarrollo agrícola efectivo, junto con estas políticas, favorece el aumento del desempleo y la pobreza en las zonas rurales. Se estima que aproximadamente el 39.8% de la población rural se encuentra en situación de pobreza, dejando a los campesinos y a la comunidad en general a merced de organizaciones criminales.

La relación de la minería ilegal e informal con bandas delictivas u organizaciones criminales está muy bien documenta, según el Observatorio Nacional de la Policía Criminal describe que los delitos relacionados con la minería ilegal son la trata de personas y explotación laboral, el narcotráfico con quien comparte rutas de tráfico, además del comercio ilegal de armas y la más importante, el lavado de activos, la minería ilegal mueve alrededor de 3000 millones de soles al año. Además de la violencia a los defensores ambientales en la Amazonia, donde contratan a bandas de sicarios para eliminar a quienes defienden sus territorios, desde el 2011 hasta el momento se han registrado 29 defensores ambientales asesinados. La situación de la provincia de Pataz es claro ejemplo del modelo extractivista que promueve Estado, cerca del 82.3% del territorio se encuentra concesionado y del cual 21% le pertenece a la Minera Poderosa. Los hechos de violencia en esta provincia son producto del enfrentamiento entre mineros ilegales e informales y la gran minería. Sin embargo, el Estado pro minero se hace de la vista gorda sobre que los mineros “legales” como en Pataz, arriendan sus concesiones y les compran la producción de los llamados mineros ilegales o artesanales, cuando ya se ha puesto en evidencia que estos son más que apéndices de la minería “legal” que  así logra pingues ganancias.

La estrategia de los gobiernos neoliberales frente a la minería ilegal e informal ha sido promover la regularización de estos mineros mediante su incorporación al REINFO; sin embargo, esto ha fracasado y solo ha servido para disfrazar  las organizaciones criminales de mineros, es postura de la pequeña burguesía para solucionar este problema solo evidencia un desconocimiento total sobre las consecuencias que tiene legalizar a pequeños mineros y mineros artesanales, debido a la escasa capacidad de fiscalización del estado, tanto la minería pequeña como la mediana tienden a contaminar similar a la gran minería, causando daños ambientales irreparables, contaminando ríos, tierras y afectando la flora y fauna de estos ecosistemas.

Los mineros ilegales e informales a través de las organizaciones criminales, disfrazas de partidos políticos han ganado espacio en la política, y han formulado una nueva Ley de la Pequeña Minería y Minería Artesanal (Ley MAPE) que está en debate en la Comisión de Energía y Minas, propuesto por el congresista Paul Gutiérrez de Perú Libre, el Ejecutivo y por representantes del sector minero, por el momento ha sido suspendido el debate en la comisión. Esta ley tiene como uno de su punto obligar a las comunidades campesinas y nativas a solicitar concesiones mineras sobre sus tierras, si no le entregaran la concesión a cualquier minero, de esta manera forzarían a las comunidades campesinas y nativas a realizar actividades mineras, ya que tendrían que pagar una tasa anual. Por otro lado, se legaliza el argumento “concesiones ociosas” en la cual empresas mineras se apropian de concesiones que no están siendo usada y que les pertenecen a otras empresas, de esta forma pueden apropiarse de terrenos de comunidades campesinas y nativas. La nueva Ley MAPE será un mecanismo para profundizar el extractivismo minero en el Perú, por lo que los partidos políticos de Perú Libre, Avanza País, Renovación Popular están intentando forzar la aprobación de esta Ley.

El extractivismo minero no es una opción para el desarrollo nacional, algunos sectores de la izquierda posmoderna y posturas nacionalistas eleva a la pequeña minería a una práctica cultural o ancestral y en contra posición de la gran minería, sirve como un discurso para validar el extractivismo minero.

Desde el Partido Comunista Peruano (m-l) planteamos al pueblo, a los campesinos y a las comunidades nativas que solo podemos correr el riesgo de realizar esta actividad con el objetivo de industrializar el país, evitando que se desarrolle en zonas agrícolas y cuencas hidrográficas. Por lo que es importante que el pueblo luche por conquistar la soberanía nacional y recuperar todas las zonas y recursos estratégicos del país, las fuentes de materia prima que se encuentran concesionadas a transnacionales y la restitución de la propiedad común sobre las tierras y territorios arrebatas a las comunidades campesinas y nativas por las transnacionales mineras. Además de promover iniciativas productivas de las cooperativas y comunas de los pequeños y medianos productores agropecuarios.

Resolución sobre Palestina

La cumbre recientemente celebrada en Egipto anunció un alto el fuego en la guerra de agresión contra el pueblo palestino. Israel, sin embargo, no dudó en violar ese alto el fuego con nuevos ataques y masacres, bajo diversos pretextos.
Si esta solución se inscribe en el marco del plan “Nuevo Oriente Medio” de Trump, que apunta a eliminar la resistencia, también es fruto de dos años de resistencia frente a una guerra de genocidio, que ha provocado decenas de miles de mártires.
Esta situación ha colocado la causa palestina en el centro de la agenda internacional, movilizando a los pueblos amantes de la libertad en todo el mundo y concentrando a un gran número de países en torno a esta causa.
Esta agresión sionista ha revelado la verdadera naturaleza de las grandes potencias imperialistas, en particular los Estados Unidos, y ha puesto de relieve la impotencia y la complicidad de numerosos regímenes árabes e islámicos.

  1. Los partidos de la Conferencia internacional de partidos y organizaciones marxistas-leninistas envían sus saludos llenos de orgullo, reconocimiento y admiración al inquebrantable pueblo palestino, que se aferra a su tierra y lleva a cabo una valiente resistencia nacional en todas sus componentes, así como a todos los frentes de apoyo en Yemen, Líbano e Irak.
  2. Afirman que la resistencia es un derecho legítimo y una respuesta natural a la ocupación y al cerco total de Gaza, a la expansión rampante de los asentamientos, a la anexión y a la agresión en Cisjordania, en Jerusalén y en los territorios ocupados. Esto confirma la justicia y la legitimidad de la lucha del pueblo palestino por la liberación, el retorno de los refugiados y el establecimiento de su Estado nacional independiente en su tierra.
  3. Saludan la postura de la resistencia palestina y libanesa que, frente a la ocupación y a la agresión sionista, continúa tomando las armas.
  4. Saludan a las mujeres y a los hombres de todo el mundo por su notable apoyo a Palestina, a su causa, a su pueblo y a su resistencia, y los llaman a continuar sus esfuerzos de boicot e aislamiento del ocupante, que consideramos fascista, racista e inhumano.
  5. Llaman a las masas y a las fuerzas patrióticas y progresistas del mundo entero a asumir sus responsabilidades en este momento histórico crítico frente a este proyecto que busca remodelar y fragmentar aún más la región con el fin de consolidar el control imperial-sionista.
  6. Rinden un homenaje particular a la clase obrera mundial, en numerosos países imperialistas, que ha boicoteado la carga de armas destinadas al Estado sionista.
  7. Con motivo del 29 de noviembre, Jornada Internacional de Solidaridad con el pueblo palestino, llamamos a los pueblos del mundo a luchar por la paz, a oponerse a la guerra y a defender el derecho de los pueblos a la autodeterminación.

DECLARACIÓN DE LA XXX PLENARIA DE LA CONFERENCIA INTERNACIONAL DE PARTIDOS Y ORGANIZACIONES MARXISTA-LENINISTAS – CIPOML

Con la responsabilidad política que asumimos como vanguardia revolucionaria de la clase obrera y los pueblos, y comprometidos con fortalecer la lucha para poner fin al capitalismo y luchar por el socialismo, las organizaciones y partidos integrantes de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML) hemos culminado con éxito los trabajos de su XXX Sesión Plenaria.

El análisis objetivo de la realidad mundial nos ha llevado a constatar la profundización de las contradicciones fundamentales de la época, la agudización de la crisis general del sistema capitalista-imperialista y las múltiples secuelas negativas que este impone sobre la vida de los pueblos. Vivimos en un mundo que no ofrece nada bueno a los trabajadores, a la juventud y a las mujeres de los sectores populares; un mundo donde lo viejo se aferra desesperadamente a su poder, aunque esté carcomido por dentro.

La confrontación interimperialista determina el curso de los principales acontecimientos en el escenario internacional. Su creciente agudización no augura nada favorable para los pueblos; por el contrario, provoca la ralentización de la economía mundial, la sobreexplotación de la clase obrera, el aumento del saqueo imperialista, la intensificación de la violencia contra las naciones oprimidas y los países dependientes, el desarrollo de guerras localizadas que pueden ser más frecuentes, y el riesgo real de un conflicto bélico de dimensiones generales.

El sistema capitalista-imperialista, empeñado en extraer el máximo de ganancias y repartirse el dominio del planeta, atenta directamente contra las condiciones de vida y de trabajo de las masas trabajadoras  y los pueblos, y provoca además daños irreparables al medio ambiente.

La decadencia que el imperialismo estadounidense arrastra desde hace años, y su desesperado afán por conservar sus zonas de influencia y proteger los intereses de los grupos monopólicos que sostienen su poder, han intensificado de manera brutal su agresividad, manifestada abiertamente en los terrenos económico, comercial, político y militar, como recientemente miramos en Medio Oriente, África, América Latina y el Caribe.

China es, en la actualidad, la única potencia imperialista con la capacidad y la voluntad de disputar la hegemonía al imperialismo estadounidense. Sin embargo, el reconocimiento mutuo como rivales que compiten por el predominio mundial no elimina las contradicciones que ambos mantienen con otras potencias imperialistas y países capitalistas desarrollados, ni anula las pugnas de estas por conservar sus propias zonas de influencia.

Miramos con preocupación y repudiamos la creciente militarización de la sociedad, que atraviesa los planos económico, político y social. Los gobiernos de las potencias y de muchos países dependientes subordinan sus presupuestos, sus políticas públicas y sus formas de gestión a los preparativos de la confrontación, reforzando aparatos represivos, criminalizando la protesta y normalizando la presencia militar en ámbitos que antes correspondían a la vida civil.

En este contexto, se observa un avance de las fuerzas de derecha y de corte abiertamente fascista, que aprovechan la crisis para promover discursos de odio, restringir derechos, dividir a los trabajadores y los pueblos y apuntalar proyectos autoritarios al servicio del gran capital.

Pero en este mundo, el protagonismo no se encuentra únicamente en los dueños del capital. La clase obrera y los pueblos están librando importantes acciones de protesta, que constituyen una clara muestra del avance de la lucha de clases. Frente al genocidio sionista contra el pueblo palestino, millones de voces se han alzado en todos los continentes, denunciando la barbarie y exigiendo el fin de las relaciones con Israel y la ocupación sionista. Del mismo modo, las políticas de ajuste, el sometimiento a potencias extranjeras, la conculcación de derechos democráticos y otras manifestaciones de la ofensiva reaccionaria han recibido una respuesta firme en las calles. La clase obrera, la juventud, las mujeres y amplios sectores populares se movilizan, rechazan estos ataques y reafirman su determinación de conquistar cambios profundos que mejoren sus condiciones de vida y abran paso a un futuro distinto.

Es evidente la recuperación de la lucha del movimiento de masas en todo el mundo y el creciente protagonismo que en diversos países va adquiriendo la juventud. Y cuando las masas encuentran en el combate el camino para conquistar derechos y enfrentar a sus enemigos de clase, avanzan con mayor decisión, elevan sus niveles de organización y transforman su indignación en fuerza capaz de disputar el rumbo de la sociedad.

Vivimos en un mundo conflictivo, pero así mismo, son tiempos mejores para el trabajo que nuestros partidos y organizaciones desarrollan con la mira puesta en la organización y en el triunfo de la revolución proletaria y el socialismo.

Es un imperativo trabajar por el desarrollo y fortalecimiento de un amplio movimiento antiimperialista y antifascista mundial; por mantener en alto las banderas contra la guerra, por la paz y por la solidaridad internacional de los pueblos; contra la violencia generada por el sistema imperante. Nuestro objetivo final es conquistar la emancipación social y nacional de los trabajadores y los pueblos, propósito que solo puede cumplirse con la clase obrera en el poder.

Para que nuestros partidos cumplan su misión de convertirse en la vanguardia revolucionaria de los trabajadores, deben reforzarse en todos los órdenes: ideológico, político y organizativo, e involucrarse activamente en las luchas políticas y sociales.

La XXX Plenaria de la CIPOML ratifica el compromiso de sus integrantes con la clase obrera, con los pueblos y naciones oprimidas del mundo. Avanzamos, firmes, al cumplimiento de las responsabilidades que nos ha impuesto la historia.

Trigésima Sesión Plenaria

Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas CIPOML

Noviembre de 2025

HASTA SIEMPRE C. LUIS GUILLERMO LUMBRERAS SALCEDO! LAS ROJAS BANDERAS DE NUESTRO PARTIDO SE INCLINAN ANTE TU PARTIDA

El día de hoy, 09 de noviembre de 2023, ha fallecido en la ciudad de Lima el c. Luis Guillermo Lumbreras Salcedo, militante histórico de nuestro Partido quien estuviese junto al Dr. Saturnino Paredes Macedo, César Guardia Mayorga y otros dirigentes históricos en la lucha por la defensa de la línea revolucionaria de la V Conferencia Nacional de 1965 y por la construcción revolucionaria del Partido Comunista Peruano (marxista-leninista) para que sirva indefectiblemente a los intereses mediatos de la clase obrera y el campesinado pobre en sus tareas de liberación nacional y social para construir el Socialismo Científico en el Perú.
En vida el c. Luis Guillermo Lumbreras Salcedo tuvo una destacada labor profesional y académica en las ramas de la Antropología y Arqueología, siendo que, propuso la teoría Hologenista y una nueva periodificación cultural para explicar el desarrollo del Perú, profundizó en el estudio de la cultura Wari y junto a otros profesionales propiciaron la fundación de un nuevo enfoque para abordar la Arqueología como una ciencia social, llamándose a este nueva propuesta: “Arqueología Social Latinoamericana” con enfoque materialista dialéctico e histórico que puso a Latinoamérica como un nuevo eje de producción teórica-científica y que hizo frente a la tendencia de la “Nueva Arqueología” inaugurada esquemáticamente en Estados Unidos. La contribución de la “Arqueología Social Latinoamericana” tuvo mayor forma desde la publicación de la Gaceta Arqueológica Andina en Perú y otras en Latinoamérica. Así mismo, el c. Luis Guillermo Lumbreras propició la construcción de las facultades de Ciencias Sociales en las principales universidades del país y en Brasil.
En vida el c. Luis Guillermo Lumbreras fue un militante honesto que siempre estuvo atento a la rigurosidad de la línea del Partido, la adecuada promoción de cuadros, el autosostenimiento y la seguridad de todas las estructuras de nuestra organización frente al ataque paramilitar-reaccionario de Sendero Luminoso a quienes combatió en todos los niveles, principalmente a nivel intelectual, desenmascarando su forma de pensar reaccionario-antimarxista y accionar financiado desde las arcas del imperialismo norteamericano y el narcotráfico, con el objetivo de destruir el tejido de resistencia popular organizado del pueblo peruano.
Desde el Secretariado del PCP(m-l) hacemos llegar nuestras condolencias a su esposa, hijos y familiares, a quienes extendemos nuestro abrazo solidario y fuerza en estos momentos de particular dificultad.
¡Cuando un revolucionario muere, nunca muere!
¡Cuando un hombre de ciencia del pueblo muere, nunca muere!
¡Honor y gloria al c. Luis Guillermo Lumbreras Salcedo!
¡c. Luis Guillermo Lumbreras, con tu ejemplo, venceremos!

Nilo Candela
Secretariado del BP del CC del PCP (m-l)

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