APUNTES PARA LA SEGUNDA VUELTA: La batalla está en la inseguridad ciudadana

Ha pasado más de un mes para que se proclamen los resultados de la primera vuelta. Las elecciones del 12 de abril han sido una de las más complejas, bien sea por la cantidad de organizaciones políticas (38) como por los tipos de elecciones (5), y también, por los ataques al sistema electoral que venían dándose desde la reducción del presupuesto y que se agravaron el día de la jornada con los errores logísticos que llevaron a la salida del cargo del jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Sin embargo, ello no inhibió de que la población asistiera a votar, pese a la situación sombría, el abstencionismo se redujo en estas elecciones, lo que demuestra, primero, que paulatinamente las masas vuelven a politizarse, y segundo, que la politización aún se sigue manifestando por la confianza en las reglas de régimen demoliberal como son las elecciones.

El resultado reflejó, una vez más, la polarización del país en torno a intereses de clase y región. Por un lado, la costa centro-norte y el nororiente albergan a una clase dominante (gran y mediana burguesía) muy favorecida por el modelo primario-exportador, la cual mantiene su poder gracias a la debilitada cohesión social de la clase trabajadora; este bloque socioeconómico ha sido el bastión del voto conservador que catapultó a Keiko Fujimori a la segunda vuelta. Por otro lado, en el ande —principalmente en el sur— no se ha consolidado aún una clase dominante sólida (mediana y pequeña burguesía) capaz de frenar la voracidad de la gran burguesía costeña. En esta región, la mayor cohesión social de la clase trabajadora sobrevive y percibe al modelo neoliberal como el principal causante de su atraso, al explotar sus recursos sin desarrollar las fuerzas productivas locales. Esta contradicción ha llevado nuevamente a la segunda vuelta al candidato del «sombrero disruptivo», esta vez representado por Roberto Sánchez.

El que esta contienda se defina en favor de Roberto Sánchez va a depender mucho de la estrategia que siga. Si bien para pasar a la segunda vuelta bastó con asegurar al electorado radical que por endose se le heredó Pedro Castillo (12%), y gracias también al fragmentado sistema de partidos, ese voto duro no va a bastar para la segunda vuelta. Pese al exceso de confianza de algunos, lo cierto es que Sánchez no parte con la ventaja de Castillo. Castillo fue el candidato más votado en primera vuelta del 2021, el descontento de la pandemia jugó mucho a su favor, después de la primera vuelta tuvo siempre una ventaja en las encuestas sobre Keiko, pero esta se fue reduciendo con el paso de las semanas hasta ganarle en la segunda vuelta por un estrecho margen que le dio a Keiko el pretexto para vociferar fraude sin fundamento. Sánchez, en cambio, quedó segundo en esta primera vuelta, y en las encuestas aparece como empatado con Keiko Fujimori.

 Además, Sánchez no tiene el carisma ni el pasado limpio de Castillo, de hecho, su pasado hace temer más en algunos una reedición de Dina Boluarte que del mismo Castillo. El que ahora se modere para parecer un reformista es una estrategia correcta para ganarse a los estratos medios que votaron por los candidatos más moderados (López Chau, Belmont, Pérez Tello), pero no para ganarse a las capas populares en esas regiones que han votado por el fujimorismo. En esas regiones de la costa centro-norte y el nororiente donde existe una organización social más débil o movida principalmente por redes clientelares no es que estén esperando un candidato más moderado, están buscando un candidato de mano dura. En comparación a sus estratos altos y parte de los medios que son a ultranza defensores del modelo neoliberal, y por ello, imposibles de ganar, las capas populares en esas regiones del Perú son ahora las más golpeadas por la delincuencia y la criminalidad. Criminalidad de la que forma parte Keiko Fujimori, pero que por el recuerdo de su padre y de la supuesta “lucha contra el terrorismo” le sirve de palanca para endosarse esos votos que buscan mano dura.

Todo el ataque que ahora le pueda hacer Sánchez a Keiko sobre corrupción o autoritarismo solo servirá para reforzar más las posiciones de ciertos sectores medios e intelectuales moderados, pero no para ganarse a los sectores populares, base numerosa que aún respalda al fujimorismo. Si antes fue el dolor que dejó la pandemia entre los peruanos lo que hizo que el electorado intentara castigar al modelo haciendo que triunfe Castillo, ahora Sánchez tiene que valerse del otro flagelo que ha llevado a movilizarse a la masa en los dos últimos años, la criminalidad. Si en vez de que Antauro Humala se pasee hablando desvaríos de iniciar un nuevo conflicto con Chile, redirigiera su mensaje hacia ANIQUILAR al crimen, al fujisicariato o a la fujiextorsión; ello haría que los sectores más golpeados por el crimen organizado pensaran en cambiar su voto. En ello es ahora donde no se puede ser tibio, el lumpen proletario es ahora un gran aliado de la burguesía, ha crecido de ese modelo informal (neoliberal) entre las economías ilegales, por tal, la lucha por combatirlo debe ser implacable, y en ello debe estar enfocado el mensaje para esta segunda vuelta.

Ello no significa que Sánchez debe abandonar sus principales banderas como es la asamblea constituyente, la revisión de los contratos ley o la soberanía sobre los recursos estratégicos del país, pero ahora está actuando bajo las reglas del juego demoburgués, ese que ve la política como la economía, un mercado donde el producto que más se necesita aumenta su demanda y se cotiza mejor, que en el marketing político electoral se traduce en más votos. Votos que ahora se inclinarán por quien ofrezca una rápida solución a la criminalidad. Ya en el gobierno la permanencia de Sánchez dependerá de qué tan firme sea en sus propuestas para que se mantenga o quede aislado para convertirse en un títere descartable del sistema. Por ahora, su triunfo depende de que se enfoque en lo que más necesita ese electorado popular pragmático, pero que clama por una solución concreta. Ya el hacerle entender a esa parte de la población que sus flagelos están relacionados al modelo económico neoliberal será la labor de educación política de los marxista-leninistas, difícilmente, de un candidato con solo semanas de campaña.

El modelo neoliberal que se viene agotando en los últimos años va a tener que ser superado con las mejores propuestas y planes para desarrollar las fuerzas productivas del país, Sánchez, si de verdad quiere ganar, asumirá esa responsabilidad; de lo contrario, quedará en manos del fujimorismo cerrar este ciclo sociohistórico del Perú tal como lo inició, con violencia, y eso por más que se resista no podrá evitarlo.

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